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El viento frío e intenso, ha guardado sus garras. La inminencia de septiembre está haciendo su tarea en los árboles, el césped, y el cielo que se mantiene alumbrado por más tiempo cada día.
Los comercios se aprestan a lavar sus caras con pintura nueva, cuando por dentro, seguramente, ya han realizado todos los arreglos necesarios para afrontar la primera llegada de turistas luego del invierno, única temporada en la que los fines de semana largos pasan desapercibidos para la ciudad costera.
Son las 9 de la mañana y desde hace ya, cuatro horas, Juana está doblada sobre una pila de papeles, birome roja en mano, haciendo cada tanto una marca o anotación. En realidad hace tres días que, de haber sido enfocada por una cámara, a casi cualquier hora de la jornada, podría habérsela visto en la posición descripta. Es que ha terminado su novela. Y ahora realiza una corrección manual que, cambios de por medio, recomienza sin cesar. La ansiedad y la angustia entrecruzan sus sensaciones, cayendo como trenza a lo largo de su espalda. Pero Juana sabe que este momento de su proceso creativo, conlleva siempre encerradas unas cuantas trampas que van desde el impulso de tirar la novela entera a la basura, hasta sorprenderse o emocionarse con ciertos pasajes, como si fuera la primera vez que los leyera y ella no fuera su autora. Entonces, lo que también sabe con certeza, es que su trabajo principal en este tracto del proceso consiste en bajar la cabeza y concluir con lo proyectado, sin que, ni el llanto ni la euforia que la visitan de a ratos, se interpongan en ese fin planteado. Por otra parte, su editor ha quedado conforme con la primera lectura, y mañana, según lo han pactado, recibirá el original definitivo para entrarlo a imprenta. De la charla con él, ha surgido el título que tendrá la novela. En principio ella se negó: Dejás servido el chiste para los críticos: “es pura espuma”… Luego la argumentación que el hombre le brindó, comenzó a cerrarle: Es una cámara enfocando a dos con sus cosas, en un tiempo bastante breve, pero no es una historia chiquita, va bien con eso de “pinta tu aldea y…”, porque quizás todas las historias, todos los destinos, todas las personas, tengan en su andar este ir y venir del mar, que vos le imprimiste a la novela… Ir y venir presuroso a veces por tragarse la playa, queriendo siempre llegar más allá; retirándose luego, arrepentido o tomando coraje para volver a estallar, y así recomenzar la constante inconstancia con la que, oculta o visiblemente, caminamos los humanos la vida. ¿O no es eso lo que hacen tus personajes? Y, ¿no es eso lo que todos, repito, oculta o visiblemente, hacemos? Es un movimiento como pendular que, siendo que estamos en una ciudad marítima… No me jodas Juana… Es el lugar ideal para ponerle “Espuma de Mar”. 

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Hacer, es compartir parte del ser. Pero, ¿es ese hacer siempre reflejo del ser, o hay ocasiones en que hacemos de un modo determinado para, justamente, ocultar nuestro ser? ¿Cómo reconocer, del otro lado del mostrador, cuál es cuál? Y el portador, ¿sabe o también es víctima de esa contradicción que nos mantiene en vilo constante? ¿Dónde se encuentra la punta del ovillo del humano? ¿Cuál es su función en este andar amplio, enmarañado y susceptible de mil variantes, al que llamamos existencia? ¿Qué hay en el fondo del fondo del fondo del vivir? ¿En qué tablero se anotan los ciertos y las faltas? ¿Quién gana? ¿Cuándo se pierde? ¿Dónde queda plasmada la historia, además de en las bibliotecas? ¿Qué pasa con todo lo que cada uno deja acumulado en su efímera huella? Y mientras tanto, ¿quién paga la fiesta de penas cotidianas, los gritos del alma, los desgarramientos profundos a los que hay que reponerse o reponerse, salvo morir?
De las abstracciones clásicas, de las preocupaciones filosóficas y ancestrales, a la realidad concreta, hay una distancia menor al aleteo de un colibrí.
     -          ¡Miren quién vino! –dijo Juana, excusándose con la gente que seguía acercándose para saludarla, y dirigiéndose rápidamente hacia Blas.
El bombero recibió esa fresca sonrisa de bienvenida, como un alivio. Se dejó tomar de la mano con una sonrisa ya pintada también en su rostro, y avanzó tras Juana que lo dirigía hacia un grupo pequeño, algo afectado por la primera zozobra de tres que iba a sentir en no más de quince minutos. Es que la escritora, lo había besado en la mejilla, y aunque en esos escasos pasos que estaba caminando, Blas pudo vislumbrar que quizás el lugar, la gente, el pudor, la fama, etcétera, su ritmo interno no había salido ileso de ese gesto.
     -          Ella es mi amiga Carla –dijo Juana, haciendo la pausa necesaria para que se saluden con un beso-; y ellos son mis papás.
Ahí sucedió el segundo cimbronazo, al ver al hombre en silla de ruedas. ¿Habían alguna vez, hablado de sus familias? De la amiga que vivía en Uruguay, sí; él por su parte, la había invitado al bar de Dante. Pero ahora, con esa velocidad con la que vuela el pensamiento, estaba dándose cuenta de que nunca, ninguno de los dos, había referido ni preguntado al otro, por sus allegados principales: madre, padre, hermanos.... No obstante, también pudo sortear este momento con amabilidad y simpleza.
Pero lo que perforó su estómago como un balazo disparado a diez centímetros de distancia, fue el escuchar a Juana decir, redondeando la presentación:
     -          Él es Blas, bombero marplatense, el único amigo que me he hecho en esta ciudad…




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Juana sale del auditorio y tal lo pactado, se dirige al stand; a un costado están sus padres y Carla. Las dos mujeres muestran un alegre entusiasmo, mientras que el hombre se pone su abrigo indiferente.
     -          Tenés los ojos coloradísimos pa, ¿te arde la vista? -pregunta Juana como desentendida.
     -          Es que me olvidé los lentes de ver de lejos y…
     -          Claaaaaaro hija, se olvidó los lentes tu papá -interviene la madre exagerando en la ironía y guiñándole un ojo a Carla- Pobrecito, mirá como tiene la vista, ¿a vos te parece hija? -añade mientras besa a su marido en la frente, dejándole la marca del lápiz labial, tras lo cual el hombre hace un gesto que denota sus ganas de  querer desaparecer abducido por una nave extraterrestre. Las mujeres se divierten con la situación. Y muy íntimamente, él también goza.
     -          Vayan bajando y piensen qué quieren cenar, en unos minutos los veo -ordena la escritora, accediendo a sacarse unas fotos con dos señoras que aun andan por ahí.
Desde un costado, Carla disfruta con el amable intercambio que mantiene Juana con la gente. En ese mismo momento y aunque jamás lo vio personalmente, reconoce a Blas ingresando por el otro extremo del salón. 







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Como veníamos viendo, el epicentro filosófico europeo durante el trascurso del siglo dieciocho, se fue corriendo de Inglaterra a Francia para finalmente instalarse con fuerza en Alemania.
Pero fue justamente en Francia, donde estas ideas tuvieron un florecimiento inolvidable, que, como sabemos, va a terminar con la Revolución de 1789.  Es importante que no perdamos de vista que esas semillas rupturistas habían sido plantadas mucho antes, por gente como Montesquieu, Voltaire y Rousseau, entre muchos otros.
Es principalmente en esta etapa, donde se centra la necesidad de buscar las propias respuestas en la palabra del mismo individuo y su vehemente poder de raciocinio, desechando, discutiendo y por qué no, juzgando las verdades heredadas e impuestas por la Iglesia, la nobleza y la figura del Rey.
Si tenemos en cuenta que la miseria y la opresión se adjudican como patrimonio exclusvo de la ignorancia y la superstición como toda fuente de fe y conocimiento, pues no resulta para nada revelador que como necesidad inherente al pueblo, haya surgido la Pedagogía como ciencia, en este pujante período.
Pero no queda todo ahí, los “Ilustradores franceses” establecieron las bases primigenias para la declaración de los Derechos Humanos, a los cuales denominaron Derechos Naturales y a través de los cuales aparecen como necesidades, la libertad de prensa y la posibilidad de expresarse libremente en temas relacionados con política y credo. Vaya entonces si fue un período floreciente.
Por último, ustedes tienen en el cuadernillo una serie de actividades relacionadas con lo que vamos a ver en el próximo módulo; que no es más ni menos que la filosofía de Immanuel Kant, cuyo principal aporte a la humanidad, tal vez sea la capacidad de haber podido conjugar de manera magistral, dos de las principales corrientes anteriores: el Racionalismo de Descartes y Spinoza por un lado, atado al concepto de que todo el conocimiento que poseemos nace con nosotros, es decir que llegamos al mundo llenos de “ideas” que iremos perfeccionando; y el Empirismo por el otro, cuyos principales exponentes fueron Locke y Hume, quienes opuestamente aseguraban que la conciencia con la que nacemos está vacía y que la vamos llenando a través de nuestros sentidos.
Para cerrar, quisiera que reflexionen también acerca de la idea kantiana de que todos los procesos cotidianos a los que nos sometemos, independientemente de la interpretación filosófica que le demos, son percibidos a través de lo que él llamó “las dos formas sensibles” y que no son otra cosa que la capacidad intrínseca de comprender que las cosas pasan en un punto particular del espacio y el tiempo, y que esa cualidad nace con nosotros y no depende de experiencia o conocimiento previo alguno. Me despido y les recuerdo que no aprendemos filosofía, sino que aprendemos a pensar filosóficamente. Muchísimas gracias. Hasta la semana que viene.
La concurrencia le regala a Juana otro cálido aplauso. Ella cierra sus cuadernos sonriendo y recibe las felicitaciones de Milagros. La gente va dejando el lugar, aunque algunas personas se le acercan para hacerle comentarios o hasta una escueta devolución sobre los temas tratados. 


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Juana no abandonó el auditorio, y mientras toma el té que le alcanzó Milagros hace instantes, se acerca a saludar a su padre que permanece ajenamente en su lugar y que, como si nada le importara, lee unos volantes. Cuando ya la tiene a su lado, apenas la mira a los ojos por un segundo, y le hace un comentario referido al molesto volumen con el que se la escucha. Ella, condescendiente, le acomoda el cuello del pulóver y le ofrece algo para tomar. En ese momento su madre vuelve del baño, del brazo de Carla, que al ver a su amiga y sin dejar de reírse, hace como un ademán de salir corriendo a su encuentro. Las mujeres se estrechan con indisimulable afecto y permanecen un momento así, juntas, al tiempo que se expresan la felicidad de reencontrarse. La madre de Juana, mientras tanto, intenta programar la cámara de fotos en su celular.
     -          ¡No empieces a novelear, boluda! -le advierte la escritora a su amiga, al ver que ésta se seca las lágrimas post abrazo.
La madre logra sacar una foto, pero las amigas ya se habían separado.
Es que Juana se dirigió al frente del salón, intentando recuperar la formalidad. Habla con Milagros sobre el curso que seguirá la charla, la joven aprueba gesticulando; la gente mientras tanto va ocupando nuevamente sus lugares.
Sobre la imagen de un mapa antiguo de Europa, se lee en la pantalla principal del auditorio: “Francia – La Ilustración”. Silencio espontáneo.